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Lo que impresiona de entrada es el lugar de salida: la cabina del teleférico se detiene sobre el Hinterstockensee y se abre la puerta. Desde ahí, el salto es de 134 metros. El lago pone el escenario; el vacío, seguramente, se lleva toda la atención.
Reserva una buena parte del día. Traslados, equipo, instrucciones y espera duran bastante más que la caída. Contrata con el operador, revisa los requisitos actuales y lleva una capa de abrigo. Después apetecerá una cena sencilla, sin otro horario exigente.